
El silencio es música, incluso tiene su signo representado en el pentagrama, es parte esencial para dar cabida a otros sonidos, otros instrumentos; así como generar o interrumpir un patrón rítmico. Es importante para que el cantante respire, trague, las frases reposen, o el rapero se despliegue a sus anchas y lo llene de sílabas. Su presencia absoluta en una melodía nos hace contar, llevar un ritmo en anonimato, prepararnos para un mambo, un estribillo, un coro o la coda.
Hacer silencio en un estudio, en una sesión de grabación, es tal vez de las cosas más importante que deba aprender a hacer un ingeniero de sonido. Dejar que la comunicación fluya entre músicos y productores, permitir que la música hable y el ambiente se relaje. Saber interpretar cuando ellos callen, para dejarlos pensar o romper un momento de tensión con algún comentario positivo, alentador o humorístico. En una tarima puede ser agobiante e inquietante pero en el público, puede ser sinónimo de un intimo cómplice que escucha con atención.
Cuando estamos en un silencio supremo, como en un buen cuarto de control o estudio de grabación, cerca del NC 25 que pide Dolby® como requisito, a veces los oídos nos pitan, empezamos a escuchar nuestras entrañas e inevitablemente comenzamos a hablar para romper esa sensación. Hablan del récord en una sala Anecoica en donde el nivel de ruido es -9.4 dbA, no quisiera imaginarlo.
El silencio es...
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Medición de NC en 360 Studio de Gustavo González en Caracas. |
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